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Cuando llaman a mi puerta

3 de octubre de 2026

La Esquila llenando de nostalgia mi puerta

Hay noches en Riotinto
en las que el silencio tiene memoria.

Las calles duermen,
pero algo antiguo despierta
cuando una melodía rompe la madrugada
y avanza despacio,
de casa en casa,
llevando a la Virgen del Rosario
en sus coplas.

Son nueve días
hasta que llega el primer domingo de octubre.
Nueve jornadas de tradición,
de cantos que recorren las calles
y de hogares que esperan
su momento.

Y una de esas veces
se detiene ante mi puerta.

Antes éramos dos.

Mi padre y yo
salíamos al encuentro de las voces,
sin necesidad de decirnos nada.
Él a mi lado,
yo junto a él,
escuchando aquellas canciones
que forman parte de nuestra tierra,
también de nuestra historia.

Entonces no sabía
que alguna vez echaría tanto de menos
algo tan sencillo.

Desde hace cuatro años
todo sigue en su sitio.
Las mismas calles,
las mismas coplas,
la misma tradición
que aprendimos a querer.

Pero ahora estoy solo.

Con un pellizco difícil de explicar.

Se clavan los primeros versos
y de pronto todo se detiene.
No sé si miro hacia fuera
o si siento tu presencia a mi lado.

No digo nada.

Quizá porque hay emociones
que no pueden expresarse.
Quizá porque las ausencias
se entienden mejor así.

Solo escucho.

Y mientras cantan,
al compás de una campana,
por unos segundos
se hace presente lo que ya no está.

Soy ese hijo
que abría la puerta a tu lado,
todavía sin imaginar
que acabaría haciéndolo sin ti.

Cuando termina la copla
y quienes las cantan siguen su camino,
cierro despacio.

Me quedo un instante allí,
sin prisa,
con todo lo que no he sabido decir.

Aunque ya no estés aquí,
hay cosas que perduran:

una costumbre,
una canción,
un gesto aprendido,
un recuerdo que regresa
justo cuando más se le necesita.

Al oír de nuevo sus voces,
salgo a recibirlas.

Como entonces.

Nadie podrá averiguarlo,
pero estaré a tu lado.

Hay personas
que se marchan de la vida
y permanecen para siempre
en lo que nos enseñaron a amar.

Por eso,
al sonar La Esquila en mi puerta,
no escucho solamente una canción.

Percibo, además,
la voz de un tiempo
que no vuelve,

pero que, por unos minutos,
resucita para estar conmigo.

Carlos Javier Pascual Rodríguez.

Gracias por la foto a Guillermo Fernández Caballero.

1 comentarios :

Anónimo dijo...

La Esquila crece en significado y trascendencia con los versos de CJ.
PGomera