2 de agosto de 2026
El amor es la vida cuando despierta.
Es la claridad que baña la mañana,
el aire fresco que atraviesa los campos,
la sensación de que el mundo vuelve a empezar
aunque haya comenzado miles de veces antes.
El amor vive en la naturaleza.
Habita en los ríos que avanzan sin descanso,
en los bosques que guardan vetustos secretos,
en la lluvia que regresa al suelo,
en las montañas que observan el paso de los siglos,
en el vuelo de las aves
y en el horizonte abierto sobre el mar.
Está en las flores que se abren hacia la luz,
en las semillas que rompen la oscuridad para crecer,
en la luna que acompaña la noche
y en el sol que al amanecer enciende los colores de la creación.
El amor también tiene forma humana.
Es una mirada que se cruza con otra mirada.
Una presencia que calma.
Una voz presente en medio de la incertidumbre.
Es el hallazgo de dos personas
que deciden compartir el tiempo,
los sueños,
los miedos,
las alegrías
y las heridas.
Es caminar juntos sin dejar de ser uno mismo.
Es descubrir que otro corazón
puede convertirse en hogar.
Pero el amor no termina ahí.
Se manifiesta en la amistad sincera,
en la mano que ayuda,
en quien escucha,
en quien comprende,
en quien permanece.
Está en los vínculos invisibles
que unen unos destinos con otros
y dan sentido a nuestra existencia.
Porque amar es reconocer la hermosura de lo que nos rodea.
Es cuidar la tierra que nos acoge,
agradecer el agua que nos nutre,
respetar toda criatura
y sabernos parte de una realidad común.
Es aquello que enlaza lo disperso,
sostiene lo frágil
y da profundidad a cuanto toca.
Es la vida celebrándose a sí misma
a través de los árboles,
de los océanos,
de las estrellas,
de la humanidad.
Mientras perdure,
habrá belleza en los caminos,
significado en los encuentros
y la certeza íntima
de bendecir el alba.
Carlos Javier Pascual Rodríguez.
Gracias por la foto a Antonio González López.

















2 comentarios :
Precioso Carlos, me ha encantado. Un abrazo.
Es maravilloso
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