17 de mayo de 2026
Autoridades (institucionales, académicas, sociales y empresariales…), Sra. Presidenta, Junta directiva y asociados de La Tribu Educa. Amigos e invitados. Gracias por vuestra asistencia.
Rememorando a mi amigo y antiguo compañero de pupitre escolar Sánchez Uceda, y adaptando una de sus paremias a la efemérides que celebramos, podemos decir que "cumplir 15 años es una suerte, vivirlos (con el entusiasmo y participación en numerosos proyectos y actividades) un privilegio y disfrutarlos (desde la cooperación y la implicación socioeducativa) una cuestión de sabiduría". Gracias a todos y a todas por haber llegado hasta aquí. Mención especial merece el colectivo de homenajeados, socios protagonistas de todos nuestros eventos. Sin ellos y sin ellas nada hubiera sido posible. Ojalá nuestra Asociación, con el dinamismo y colaboración de todos sus miembros y simpatizantes, pueda seguir durante muchos años contribuyendo al bienestar individual de sus asociados y al bienestar integral de nuestra comunidad en el marco de la adolescencia, próxima a la juventud, de nuestra tercera vida.
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En el año 2025 los mayores de 60 años en España eran 13.600.000 personas, un 27,68 % de la población total. Si hiciéramos una proyección de futuro para el 2050 el porcentaje que se considera será del 40%. Como se puede inducir, la pirámide de población de nuestro país será manifiestamente regresiva, salvo que determinadas variables lo impidan o mitiguen. Esta realidad, en cuanto a los sénior se refiere, se podría definir por un envejecimiento extremo, un aumento de la esperanza de vida y por el impacto económico y psicosocial que todo ello implica. A la vista de esta perspectiva y ante una situación imprevisible, si nos remontamos al tiempo de nuestros mayores, ¿cuáles serían los desafíos y los retos a los que nos deberíamos enfrentar, en el ámbito de una sociedad democrática y con el respeto a los derechos y deberes civiles?
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Enmanuel Kant se planteó cuatro preguntas en las que según él, caben todos los contenidos de la Filosofía. Con la licencia que nos da la edad, me voy a permitir reescribirlas desde la perspectiva del mundo sénior y más en concreto referidas a un docente jubilado.
1.- ¿Qué es un jubilado docente o una persona mayor considerada como un ser humano?
2.- ¿Qué podemos y debemos saber de estos séniors docentes, de sus debilidades, de sus amenazas, de sus fortalezas y oportunidades?
3.- ¿Qué hay que hacer, por parte de ellos mismos y de los demás, para que este grupo social se desarrolle en el tramo final de la vida con un sentido de utilidad y de mejora para sus componentes y para el resto de la sociedad?
4.- ¿Qué cabe esperar del desarrollo vital de este colectivo, y su implicación en el conjunto de la comunidad, cuando se pongan en marcha las políticas y estrategias adecuadas?
Se puede contestar a estas preguntas de forma individual, colectiva e institucional. O con sus distintas combinaciones. La respuesta a una, a varias o a todas ellas puede ser pasiva, tibia o proactiva. Y todo va a depender del conocimiento del sentido de la oportunidad, del grado de conciencia sobre el tema, de la longitud de prospectiva y del nivel de compromiso en la toma de decisiones. En definitiva, en la capacidad de dialogar con uno mismo o con otros, que es lo que define Platón como pensar.
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Hace ya bastantes años que nuestra Asociación se percató de que era un desatino ignorar o no tener en la consideración debida a los alrededor de 3000 docentes que se jubilan cada año en Andalucía. Estos son hechos, no opiniones.
Cuando éramos escolares y durante años, el Estado -en definitiva, los ciudadanos y ciudadanas con sus impuestos- nos facilitó una formación a los sénior de hoy, en muchos casos gratuita y muy cualificada en bastantes ocasiones. Y tras jubilarnos, consciente o inconscientemente, seguramente nos hemos formulado las preguntas kantianas. Por supuesto que la salud, la familia, los amigos, el ocio… es algo fundamental para buscar un equilibrio saludable a nuestra existencia. El tiempo administrado de esta manera es un elemento esencial en la jubilación. Sin embargo, cultivando con esmero lo anterior, caben otras posibilidades complementarias. Habrá quien se dedique al estudio, a las aficiones, al arte, a la escritura… pero también procede plantearse cómo devolver a la sociedad la experiencia y conocimientos adquiridos en la vida laboral, poniendo a tono la función social de la inteligencia, con el objeto de contribuir a la mejora de la ciudadanía con humildad intelectual. Es lo que pretende La Tribu Educa con muchas de sus actividades y proyectos. Es lo que se plantean muchos docentes jubilados desde distintos paisajes y perspectivas. Pero para que el docente jubilado pueda contribuir proactivamente en la comunidad, y no se quede emperchado solo en sus buenos deseos, deben existir un adecuado y fundamentado marco legal y unos procedimientos que faciliten su voluntad de contribuir eficazmente en el bienestar integral del común, porque una buena decisión se basa en el conocimiento, no exclusivamente en los números.
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Hay quien piensa que vivimos tiempos procelosos con indicadores un tanto inquietantes, tales como el fracaso social de la utopía del capitalismo o que una docena de falsos demiurgos de las tecnologías digitales quieran construir a su interés y antojo el futuro de nuestros descendientes o que la inteligencia artificial suplante al saber y a la capacidad de pensar con criterio propio, en libertad y creatividad, o que unos gerifaltes infectados de la hybris griega hasta los tuétanos puedan decidir el devenir de los individuos o de las comunidades en función de la jerarquía, la conquista de territorio, la búsqueda de recursos o por ideología. Además, sin límites y a su voluntad. Por eso, es tan esencial la educación. La educación nos salva y nos hace humanos, de ahí la importancia de los docentes en su conjunto e individualmente considerados.
Hay países europeos que se están planteando la revisión radical de sus curriculum escolares. El qué aprender desde la perspectiva de una realidad acelerada, no puede llevarnos al olvido de lo fundamental: hay saberes, hábitos y valores incuestionables por encima de modas e innovaciones didácticas: lo nuevo no es necesariamente innovador. Con la edad se siente más y por lo tanto somos más perspicaces de las necesidades. Por eso, en los tres campos de la enseñanza/aprendizaje, anteriormente referidos, muchos docentes jubilados de todos los niveles educativos son verdaderos expertos. Un ejemplo, entre muchos, es el nonagenario D. Luís Molina Jiménez, el único maestro vivo de los que he tenido. A lo largo de sus vidas, aplicando de diferentes modos el procedimiento de reflexión/acción/reflexión/acción, han llegado a conclusiones relacionadas con la organización escolar en su conjunto, así como a prácticas didácticas de gran utilidad tales como: *enfoques en la resolución de conflictos y comunicación con las familias, *tácticas para la animación de la lectura y escritura, *técnicas de estudio y resolución de problemas, *estrategias de intercomunicación, *líneas de acción tutorial para el desarrollo personal y adquisición de pensamiento reflexivo y crítico, *la práctica de la mejora desde hechos concretos y avanzando en la misma dirección, *dinámica de grupos, *pautas para el fortalecimiento de las estructuras escolares… y un largo etcétera. Por todo ello, sería un derroche educativo y una irresponsabilidad político social el no contemplar eficazmente estos hechos desde ya, y con los procedimientos adecuados para su viabilidad y puesta en práctica.
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Aunque, como ya he señalado, ya venían de antiguo estas preocupaciones, dando fe a que el comienzo es la parte más importante del recorrido, algunas de las conclusiones del I Congreso del Mundo Sénior. Presente y Futuro, celebrado en Córdoba en el año 2023, potenciaban y reivindicaban, a nivel andaluz y nacional, algunos de estos planteamientos.
Una de ellas solicitaba a las autoridades competentes "Definir e implantar legalmente la figura del TERCER TUTOR en las empresas y centros educativos". La elección de los nombres que designan las funciones y su desempeño no es una cuestión banal. Refiriéndonos al sistema escolar, la figura de profesor emérito es bastante conocida, por ejemplo, en el mundo universitario. Ciertamente la figura de "emérito" -vocablo bastante polisémico y hasta polivalente, por cierto- contempla honores y algunas funciones como docente, sin embargo sería conveniente renombrar esta figura en el nuevo enfoque que se demanda. Una denominación nueva que defina su papel estrictamente colaborador, trasversalmente educativo y que así sea considerado e identificado por la comunidad educativa. Un tutor no solo orienta y guía, sino que también es un referente ejemplarizante y cooperador para el desarrollo integral de cada alumno y alumna individualmente considerados, y así como para la dinámica general del centro. Esa es su esencia. Naturalmente, el primer tutor son los padres o los referentes legales. El segundo, el docente que, por cierto, su formación específica debería ser equivalente a cualquier otra especialidad curricular. Y el tercero el emérito, independientemente de su edad por cuanto esta, en sí misma, no es un factor de calidad. Lo importante son sus condiciones y su potencial educativo. La coordinación efectiva de estas tres figuras asimétricas implicaría una mejora educativa del alumnado, sin tener que incorporar, por ejemplo, policías en las aulas. Es lo que encierra el dicho africano que para educar a un niño o una niña se necesita a toda la tribu. A toda, sin excepción. Porque se ha demostrado que, si todos nos ponemos de acuerdo, no hay problema que se resista. Del mismo modo, su papel como observador interno y como colaborador en la mejora del funcionamiento de las estructuras organizativas podría ser de gran utilidad.
En consecuencia, quien tiene las competencias legales debería ser valiente, que no temerario, y estar abierto a todas aquellas soluciones que se orienten al aprovechamiento de la riqueza educativa que encierra la ejemplarizante experiencia de muchos de los jubilados docentes. Naturalmente, ese potencial es individual, pero también colectivos y asociaciones, cuyos miembros son docentes jubilados, pueden ayudar a canalizar y fortalecer la calidad de estas intervenciones en el marco de los procedimientos que se establezcan. No podemos olvidar, que todos los sumandos suman, aunque tengan valores distintos.
Otra de las conclusiones del mencionado Congreso se refiere a establecer una forma de reconocimiento a quienes realizan desinteresadamente actividades de colaboración y voluntariado. La socialización y la cooperación nos hacen mejores. De hecho, han sido los principales motores de la evolución de nuestra especie. Aún así, la colaboración desinteresada debería tener un reconocimiento. Este acto que celebramos es una prueba de ello. Pero el reconocimiento a un activo docente jubilado como tercer tutor no debe estar en un salario. Y no sólo en un certificado y en la valoración personal y social de quien realiza esta tarea de apoyo educativo. Sería muy conveniente que determinadas actividades de voluntariado -en las que estarían las que asociamos al genérico Tercer Tutor- con los requisitos legales oportunos, pudieran tener un valor cara al IRPF.
Para terminar, me gustaría volver a Kant reescribiendo su famosa frase, lema de la Ilustración e inspirada en Horacio: SAPERE AUDE: Atrévete a saber.
SAPERE AUDE: Atrévete a soñar para poder dibujar colectivamente nuestro futuro, y no que el futuro nos dibuje a nosotros.
SAPERE AUDE: Atrévete a vivir porque la vida se vive una vez, lo demás es creencia.
SAPERE AUDE: Atrévete a colaborar porque así nos hicimos humanos.
SAPERE AUDE: Atrévete a legislar mirando al horizonte, porque si miras al suelo solo verás los pies.
Muchas gracias.
Francisco A. Gomera López.
Córdoba 12/5/2026.

















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