21 de marzo de 2026
En el agua tibia
se me aflojan los nudos del día,
resbalan las horas
por el desagüe.
El vapor empaña el espejo
y también la prisa,
como si el mundo, por fin,
dejara de llamarme.
Entonces llegas tú,
ducha parlanchina y cómplice,
inclinándote a mis oídos,
a punto de contarme un secreto.
Golpeas mi espalda
con sílabas líquidas,
me susurras historias mínimas
que sólo yo entiendo.
Cada gota
trae una palabra,
cada corriente
destapa un recuerdo dormido.
Y, con los ojos cerrados,
te escucho
con la confianza de una amiga
en la penumbra del baño.
Las frases me caen encima
como lluvia privada,
pequeños relámpagos
que nadie más ve.
Tú guardas mis pensamientos,
tus versos me habitan.
Salgo envuelto en la toalla,
pero empapado de poemas,
con la piel limpia
y la mente inundada
por el caudal de tus ideas.
Quién diría
que la inspiración no baja del cielo,
cuando me espera todas las noches,
girando la llave de la regadera.
Carlos Javier Pascual Rodríguez.

















0 comentarios :
Publicar un comentario